• Alejandro Zermeño Guerra se ubica entre los rectores mejor remunerados del país, pese a que su gestión arrastra señalamientos por opacidad, crisis internas y falta de resultados.
El salario de los rectores universitarios en México exhibe contrastes que van más allá de las cifras. Mientras instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Autónoma Metropolitana o la Universidad de Guanajuato encabezan los tabuladores con ingresos que superan los 140 mil pesos mensuales, estos montos suelen justificarse en la complejidad, tamaño y peso académico de dichas universidades. En ese contexto, resulta inevitable la comparación con la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y su rector, Alejandro Zermeño Guerra.
De acuerdo con datos oficiales, Zermeño Guerra percibió en 2025 un salario neto mensual de 95 mil 238 pesos, lo que lo coloca como el cuarto rector mejor pagado del país. Está por debajo de figuras como el rector de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas, con ingresos netos superiores a los 165 mil pesos, o del rector de la UAM, Gustavo Pacheco López, con más de 154 mil pesos mensuales, pero claramente por encima de rectores de universidades estatales con mucho mayor prestigio como Aguascalientes, Hidalgo, Nayarit, Tabasco o Morelos, donde los ingresos no superan los 60 mil pesos.
El problema no es únicamente la cifra, sino lo que la acompaña. La gestión de Zermeño Guerra ha sido señalada como una de las más cuestionadas en la historia reciente de la UASLP, marcada por opacidad en la rendición de cuentas, escándalos de corrupción, incluso con contratos que benefician a allegados suyos, tolerancia a la intromisión de partidos políticos, como Morena y Movimiento Ciudadano, en la vida universitaria y una reiterada falta de atención a denuncias de acoso sexual y laboral, conductas que incluso ha justificado. A ello se suman episodios graves como el escándalo sexual en la Facultad de Derecho de tres alumnos contra una compañera, el fallecimiento de un estudiante de Estomatología tras un asalto en las inmediaciones de Zona Universitaria y las evidentes fallas en materia de seguridad.
Mientras tanto, el discurso oficial del rector insiste en la escasez de recursos con el “No hay dinero” o “No ajusta el presupuesto”. Sin embargo, buena parte del gasto se destina a sueldos elevados y pensiones privilegiadas de él y su círculo cercano, en contraste con espacios universitarios deteriorados, salarios docentes insuficientes y una comunidad estudiantil que no ve reflejado en resultados el alto costo de la administración. En ese escenario, el salario del rector no solo luce elevado, sino difícil de justificar frente a una universidad que parece atrapada en sus propias crisis.

