La llamada jornada de defensa de la soberanía nacional dejó en San Luis Potosí más dudas que certezas para Morena.
Lejos de mostrar músculo político, la movilización evidenció una realidad incómoda para el partido guinda: su capacidad de convocatoria en el estado sigue siendo limitada y fragmentada, justo cuando el proceso electoral de 2027 comienza a asomarse en el horizonte.

En la capital potosina, el evento realizado en Plaza de Armas, frente al Palacio Municipal, reunió apenas a unas 130 personas, encabezadas por Darío Fernando González, Guillermo Morales López, el diputado Carlos Arreola y Roxana Hernández. Una cifra modesta para un partido que presume ser fuerza nacional y que, en teoría, debería capitalizar el respaldo a la Presidenta de la República como un factor de cohesión y arrastre social.
El panorama no fue mejor en otros municipios clave. En Soledad de Graciano Sánchez, con la presencia de Eli César Cervantes, Felipe Abel Rodríguez Leal y la regidora Dulce Galván, la concentración apenas alcanzó 90 asistentes en la plaza principal. En Matehuala, el dato fue aún más revelador: alrededor de 20 personas acompañaron a Fernando Carrillo Sifuentes, una cifra que raya en lo simbólico y que difícilmente puede considerarse un acto político relevante.
Aunque en Ciudad Valles se reportó la mayor asistencia, con aproximadamente 250 personas, y en Rioverde cerca de 200, los números siguen siendo bajos para una supuesta demostración de fuerza estatal. Ni siquiera la presencia de la delegada de Bienestar en la Huasteca, Griselda Mezquida, así como de exlegisladores y regidores locales, logró detonar una movilización que enviara un mensaje claro de unidad y crecimiento.
Un elemento que no pasó desapercibido fue el perfil de los asistentes. En la mayoría de los municipios, los contingentes estuvieron integrados principalmente por funcionarios del Gobierno Federal vinculados a los programas sociales, conocidos como “servidores de la nación”, así como por familiares y círculos cercanos, más que por militancia ciudadana espontánea. Esto refuerza la percepción de que la movilización dependió más de estructuras administrativas que de un respaldo social amplio.
El balance es claro: Morena intentó salir a la calle para arropar a Claudia Sheinbaum, pero terminó exhibiendo su debilidad territorial en San Luis Potosí. Sin estructura sólida, sin liderazgos que convoquen y con actos que apenas reúnen a un par de centenas de personas, el movimiento morenista en la entidad se vio chiquito, desdibujado y lejos de representar una amenaza real rumbo a la elección de 2027. En política, las plazas llenas importan… y esta vez, simplemente no lo estuvieron.
