Parece que el panismo potosino tiene una sola carta fuerte, o al menos eso parece indicar el obsesivo protagonismo de Rubén Guajardo Barrera.
Con esa humildad que lo caracteriza, el actual diputado local ya levantó la mano —otra vez— para buscar la alcaldía de la capital en 2027, porque en sus desvaríos seguramente ha de pensar que si en el 2024 se le negó la candidatura, en el 2027 el panismo en pleno habrá de rogarle que acepte ser su representante.
Guajardo no solo ha manifestado su interés ante su partido, sino que ya se registró en la plataforma digital abierta para tal efecto.
Al parecer, su «exitosa» trayectoria legislativa no le es suficiente. Y es que, para alguien que ha ocupado una curul en los periodos 2012-2015, 2018-2021, 2021-2024 y 2024-2027, la idea de dejar de vivir del erario debe ser simplemente aterradora.
Basta revisar la trayectoria del panista para anticipar cual sería el resultado de su nueva incursión electoral: Su desempeño como legislador deja ver una escasa capacidad para el cargo, no obstante sumar más de una década como diputado local no ha logrado hacer nada favorable por San Luis Potosí.
Su verdadera maestría no está en las leyes, sino en su habilidad para arrasar y descalificar a los panistas honestos.
Gracias a su estilo, muchos miembros con verdadero talento y trayectoria han preferido abandonar las filas de Acción Nacional para buscar espacios en otros partidos.
Resulta admirable cómo alguien puede mantenerse tantos años en el poder basándose en la imposición y el bloqueo de perfiles competitivos.
