Lo que inició como un estudio de peces ciegos en la huasteca potosina, liderado por el biólogo Ramón Espinasa Perena, derivó en el hallazgo de una cueva virgen con más de 750 piezas fósiles de 12,000 años de antigüedad. Debido a las condiciones minerales del lugar, los restos se transformaron en roca, logrando una conservación excepcional.
Este hallazgo sin precedentes posiciona a la Huasteca potosina como un punto neurálgico para la paleontología en México, al revelar una diversidad de especies de la Edad de Hielo nunca antes vista en un solo sitio y es que la relevancia del sitio radica en la convivencia de grandes herbívoros y carnívoros en un mismo depósito.
Mamuts y perezosos gigantes: Se hallaron molares y uñas del tamaño de un antebrazo humano de mamuts y perezosos gigantes, así como mandíbulas de caballos antiguos y huesos de camellos prehistóricos, además de restos de depredadores, como lobos terribles y tigres dientes de sable.
Por motivos de bioseguridad (presencia de hongos y murciélagos), la ubicación exacta permanece bajo reserva. Sin embargo, el proyecto cuenta con el respaldo legal del INAH y se contempla que, tras su estudio en la UNAM, las piezas más representativas se exhiban en el Museo Huasteco.
Este yacimiento promete aportar claves esenciales sobre los procesos de extinción al final de la era glacial

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